Thursday, March 24, 2005

LAS MOCHILAS DE JARABACOA


¿CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD PARA SIEMPRE?

Marino Zapete Corniel

Cada día que pasa, entre los dominicanos y dominicanas se fortalece la percepción de que este no es un país creado por Dios, sino una hechura del mismísimo diablo, para establecer una especie de santuario donde cobijar eternamente la corrupción, el robo y la impunidad.

Esa es la única explicación que podría tener el hecho de que un grupo de senadores haya decidido boicotear la gobernabilidad del país hasta que el ministerio público devuelva al señor Hipólito Mejía dos mochilas repletas de documentos, en las que se supone hay evidencias que lo incriminan.

Según ha trascendido, en esas dos mochilas, incautadas en una requisa legal, hay pruebas suficientes para procesar al expresidente Mejía por el uso de recursos públicos en la construcción de su proyecto agrícola de Jarabacoa.

La actitud de los senadores no se justifica desde ningún punto de vista, pues en el caso de que Mejía pudiera resultar inocente, lo más apropiado sería dejar al ministerio público y a la justicia que actúen libremente.

Si se demuestra que el expresidente usó bienes públicos en su provecho personal, los senadores tendrían menos razón aún para patrocinar un motín contra la gobernabilidad, pues ellos mismos se hacen llamar representantes del pueblo.

Quien suscribe, puede asegurar, sin necesidad de examinar los documentos contenidos en las mochilas de Jarabacoa, que Hipólito Mejía es culpable de haber usado bienes públicos en su provecho personal.

No hay ninguna duda de que el expresidente se hizo construir una carretera exclusiva hasta su proyecto campestre ubicado en la comunidad de Sabaneta, la cual fue pagada con los recursos públicos.

Hay evidencias de que Mejía se construyó un acueducto particular, para lo cual se apropió de corrientes de aguas públicas y utilizó fondos del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados.

Mejía usó equipos y recursos humanos pertenecientes a instituciones públicas en la construcción de su proyecto personal. El señor Andrés Escarramán, exsubsecretario de Medio Ambiente, trabajó a tiempo completo en dicho proyecto.

Mejía usó recursos públicos en su beneficio personal en la construcción de su proyecto campestre de Canasta, en San Cristóbal, cuya vía de acceso fue rehabilitada a la par con el desarrollo de dicho proyecto.

En pocas palabreas, Hipólito Mejía es un corrupto, y al patrocinar un motín contra la gobernabilidad, los senadores que lo siguen se colocan al servicio de la delincuencia y pierden su autoridad moral frente a la población.

Ojalá que las autoridades competentes no acepten el chantaje de los senadores serviles a la corrupción. Ojalá que no devuelvan las mochilas de Jarabacoa. Ojalá que publiquen su contenido. Para que todo el pueblo conozca lo que hay ahí.

Si el ministerio público acepta ese chantaje, entonces, tendremos que aceptar, de una vez y por todas, que este no es un país, sino un abrevadero para ladrones, corruptos y delincuentes, construido por el diablo.

Mzapete@yahoo.es




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