Marino Zapete Corniel
Aunque nunca he tenido la misma militancia política que el doctor Leonel Fernández, siempre había pensado que mi antiguo profesor tenía las herramientas necesarias para dirigir con éxito la nación dominicana.
A pesar de que formo parte de la larga lista de personas decepcionadas por las acciones incorrectas de su primer gobierno, siempre tuve la esperanza de que el profesor Fernández, un hombre culto e inteligente, no repetiría sus errores, si el pueblo le daba una segunda oportunidad.
Pero todo parece indicar que estaba equivocado. Da la impresión de que el propio Presidente de la República pensaba hacer las cosas correctamente, pero una vez en el poder, prefirió las viejas prácticas balagueristas.
Para que no se piense que los tres párrafos anteriores constituyen una mera especulación, me permito transcribir algunos segmentos del discurso pronunciado por Fernández cuando asumió la Presidencia de la República por segunda vez, el 16 de agosto del año pasado.
Citamos: ”Hay muchos cargos públicos en exceso, creados mediante la tradicional práctica corrosiva de clientelismo o bien producto de las duplicidades de funciones dentro de nuestro aparato burocrático estatal. Esos serán suprimidos. Hay que suprimir aquellos cargos de subsecretarios de Estado no contemplados en la ley orgánica de la Secretaría de Estado correspondiente”.
”Será imprescindible enfrentar con energía y de manera drástica uno de los peores males que afecta el desarrollo de los pueblos y torna ineficaz toda lucha sincera contra la hecatombe de la pobreza: el fenómeno de la corrupción”.
”La corrupción es moral y legalmente inaceptable. Por tal motivo, durante la administración que desde hoy me corresponderá dirigir, tomaremos todas las providencias de lugar para, tal como establece la Convención Interamericana contra la Corrupción, prevenir, detectar, perseguir y castigar todo acto doloso que atente contra el patrimonio público”.
“Esta administración no se convertirá en un nuevo abanderado del borrón y cuenta nueva”.
“La democracia se fundamenta en la rendición de cuentas. Aquel que no tenga las suyas claras, sea del sector público o del privado, que sepa, desde ahora, que la justicia no será objeto de obstrucción ni de manipulación alguna por parte del Poder Ejecutivo para que actúe conforme a como indican nuestros códigos y nuestras leyes”.
“Como deseo actuar siempre de forma clara y sin ningún enturbamiento o enredo, reitero en esta oportunidad lo que he dicho en otras ocasiones: Que nadie me susurre en privado lo que no está en capacidad de decirme en público”.
“La República Dominicana no puede seguir como va. No puede seguir con el tráfico de influencias. No puede seguir con el clientelismo. No puede seguir con el enriquecimiento ilícito. No puede seguir con el abuso de poder. No puede seguir con el irrespeto. En fin, no puede seguir con la falta de seriedad en todo”.
“Si para algo ha servido la actual crisis es para poner al desnudo la bancarrota de un sistema que ha demostrado ser incompetente, injusto y corrupto. Cambiémoslo. Sacudamos el árbol de la democracia dominicana. Hagamos que caigan sus frutos podridos”. Termina la cita.
No puedo negar que en el momento en que el Presidente Fernández pronunciaba ese discurso fui una persona feliz. Volví a ser ingenuo y a tener esperanzas. Pero eso duró muy poco. La amarga realidad me despertó cuando comenzaron a conocerse los nombres de los nuevos funcionarios.
No entendí cómo podía coincidir el deseo de sacudirse de las frutas podridas y la concomitante inclusión en el gabinete de un grupo de personas con procesos pendientes en la justicia por alegados actos de corrupción.
La mayoría de los dominicanos que escuchamos el discurso de juramentación nos quedamos boquiabiertos cuando nos enteramos de que lejos de eliminar los cargos inorgánicos, el Presidente Fernández incrementó sustancialmente el número de subsecretarios, subdirectores generales, vicecónsules, ayudantes civiles y otras posiciones que no prestan ningún servicio a la sociedad
Es difícil de entender que después de ese discurso, el Presidente Fernández emitiera un decreto otorgando una pensión y permitiendo la salida del país al coronel Pedro Julio Goico Guerrero, un personaje involucrado en numerosas acciones delictivas.
El discurso contra el borrón y cuenta nueva comenzó a esfumarse cuando el gobierno, sin ninguna explicación, cesó la persecución contra el exprocurador Víctor Céspedes Martínez, implicado en el escándalo de los indultos irregulares de cientos de reclusos, en la mayoría de los casos condenados por tráfico de drogas y por asesinato.
“Esta administración no se convertirá en un nuevo abanderado del borrón y cuenta nueva”.
“La democracia se fundamenta en la rendición de cuentas. Aquel que no tenga las suyas claras, sea del sector público o del privado, que sepa, desde ahora, que la justicia no será objeto de obstrucción ni de manipulación alguna por parte del Poder Ejecutivo para que actúe conforme a como indican nuestros códigos y nuestras leyes”.
“Como deseo actuar siempre de forma clara y sin ningún enturbamiento o enredo, reitero en esta oportunidad lo que he dicho en otras ocasiones: Que nadie me susurre en privado lo que no está en capacidad de decirme en público”.
“La República Dominicana no puede seguir como va. No puede seguir con el tráfico de influencias. No puede seguir con el clientelismo. No puede seguir con el enriquecimiento ilícito. No puede seguir con el abuso de poder. No puede seguir con el irrespeto. En fin, no puede seguir con la falta de seriedad en todo”.
“Si para algo ha servido la actual crisis es para poner al desnudo la bancarrota de un sistema que ha demostrado ser incompetente, injusto y corrupto. Cambiémoslo. Sacudamos el árbol de la democracia dominicana. Hagamos que caigan sus frutos podridos”. Termina la cita.
No puedo negar que en el momento en que el Presidente Fernández pronunciaba ese discurso fui una persona feliz. Volví a ser ingenuo y a tener esperanzas. Pero eso duró muy poco. La amarga realidad me despertó cuando comenzaron a conocerse los nombres de los nuevos funcionarios.
No entendí cómo podía coincidir el deseo de sacudirse de las frutas podridas y la concomitante inclusión en el gabinete de un grupo de personas con procesos pendientes en la justicia por alegados actos de corrupción.
La mayoría de los dominicanos que escuchamos el discurso de juramentación nos quedamos boquiabiertos cuando nos enteramos de que lejos de eliminar los cargos inorgánicos, el Presidente Fernández incrementó sustancialmente el número de subsecretarios, subdirectores generales, vicecónsules, ayudantes civiles y otras posiciones que no prestan ningún servicio a la sociedad
Es difícil de entender que después de ese discurso, el Presidente Fernández emitiera un decreto otorgando una pensión y permitiendo la salida del país al coronel Pedro Julio Goico Guerrero, un personaje involucrado en numerosas acciones delictivas.
El discurso contra el borrón y cuenta nueva comenzó a esfumarse cuando el gobierno, sin ninguna explicación, cesó la persecución contra el exprocurador Víctor Céspedes Martínez, implicado en el escándalo de los indultos irregulares de cientos de reclusos, en la mayoría de los casos condenados por tráfico de drogas y por asesinato.
Ha sido particularmente desalentador que el primer intento de un funcionario del gobierno por enfrentar el robo y la corrupción contra el Estado, como ha sido el caso del director de Aduanas contra los evasores de impuestos, haya culminado en acuerdos de aposentos, ordenados desde las más altas instancias del gobierno.
Resulta incongruente, inaceptable, contradictorio y sorprendente, que el propio Presidente de la República ordenara asignar un contrato de grado a grado por más de RD$100.0 millones a la señora Margarita Gómez para decorar y amueblar la Suprema Corte de Justicia, como aseguró recientemente el vespertino El Nacional.
Pero quizás lo que más vergüenza y desesperanza debe darle al pueblo dominicano es la declaración que hizo el Presidente Fernández en Estados Unidos, donde pareció sentirse orgulloso por haber impedido que la Fiscalía del Distrito Nacional interrogara al expresidente Hipólito Mejía, bajo el alegato infeliz de que no se le consultó antes de la citación.
Son muchas incoherencias, muchas promesas incumplidas, muchas esperanzas frustradas en sólo ocho meses de gobierno. ¿Será que el profesor Fernández nos fallará otra vez?.
mzapete@yahoo.es

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