Tuesday, February 01, 2005

PERIODISTAS Y ABOGADOS DELINCUENTES

Marino Zapete Corniel

En los últimos años, algunos un grupo de abogados y periodistas dominicanos ha puesto de moda defender a los grandes delincuentes a través de los medios masivos de comunicación, en violación a los preceptos básicos de la deontología jurídica.

Esa práctica se ha hecho una costumbre, a tal punto que los abogados de mayor renombre del país ponen más interés a sus comparecencias ante los medios masivos que a las propias audiencias frente a los jueces y a los representantes del Ministerio Público.

Hoy día los juristas más famosos hacen colas para convertirse en defensores públicos de connotados criminales, asesinos, violadores de niñas y niños y traficantes de drogas de la peor calaña.

Desde el mismo momento en que un abogado famoso asume el trabajo sucio, conforma un equipo de propaganda que incluye a un grupo de comunicadores de la prensa escrita, la televisión y la radio, cuya función es presentar a los victimarios como víctimas.

Unos años atrás sentí revoltura en el estómago cuando vi y escuché a través de la televisión a un reconocido jurista dominicano tratando de convencer a la población de que el joven Mario Redondo Llenas, acusado de haber violado y asesinado de 34 puñaladas a un primito suyo menor de edad, era una víctima y no un victimario.

Desde el año pasado hemos visto con indignación como un grupo de banqueros que robaron miles de millones de pesos de los ahorristas del Banínter, Bancrédito y Mercantil, han sido presentados por sus abogados y por sus comunicadores alquilados como víctimas, a las cuales hay que canonizar.

En los últimos días hemos sido bombardeados por un grupo de abogados y periodistas inescrupulosos, buscapesos, que tratan de hacer creer a la gente que Quirino Paulino Castillo y los demás implicados en el trasiego de un cargamento de más de una tonelada de cocaína capturado por las autoridades son especies de Madre Teresa de Calcuta.

En pocas palabras, no exageramos si decimos que en el país se han ido conformando verdaderas bandas de abogados y periodistas, que reciben sumas millonarias de los peores ladrones, delincuentes y criminales, para limpiarles la imagen y sacarlos de la cárcel.

Bajo el argumento de que toda persona se presume inocente hasta que se prueba lo contrario y del legítimo derecho a la defensa, grupos de abogados han constituido una especie de asociación de malhechores con periodistas y productores de programas de radio y televisión, con la finalidad única de limpiarles la imagen a las peores escorias del país a través de los medios de comunicación de masas.

Parecería que esos prestantes juristas desconocen que la ética les obliga a mantener la discusión de sus casos en el marco de los tribunales. Pero no se trata de ignorancia. Es simplemente un ejercicio delincuencial consciente y sistemático, ante la indiferencia absoluta de la justicia y del ministerio público.

Con esa práctica indigna, son muchos los abogados y periodistas supuestamente honorables, que se han quedado con parte de las fortunas provenientes del crimen organizado.

Cuando un productor de programa de televisión o de radio de gran audiencia alquila su espacio a un abogado delincuente para que venda como santo a un criminal, está exponiendo a toda su audiencia a ser manipulada, pues se trata de públicos amplios, dispersos y diversos que desconocen los detalles del caso que se discute.

Diferente ocurre cuando los casos se discuten en los tribunales, donde se supone que acuden los acusados, los acusadores y los jueces, y cada quien tiene conocimiento de causa y, en consecuencia, es difícil de ser manipulado por el discurso de sus antagonistas.

Así hemos ido construyendo una casta de abogados y periodistas al servicio de lo peor, y una sociedad totalmente manipulada, que tiene la certeza de que Mario Redondo Llenas no es un victimario, sino una víctima; de que Quirino Paulino no es “El Don”; de que el coronel Nin Terrero es un pobre hombre que inocentemente pidió una bola en un camión cargado de cocaína; de que el conductor del camión no sabía lo que transportaba; de que la droga no constituye evidencia válida porque no se observó el procedimiento de ley, y de que los banqueros ladrones son especies de Jesús de Nazareno.

Creo que la Justicia Dominicana, el Ministerio Público, las iglesias, la sociedad civil y todos los dominicanos decentes, debemos exigir un alto en el camino. Es tiempo de denunciar y enfrentar las acciones de las bandas organizadas de periodistas y abogados que se hacen millonarios promoviendo la honorabilidad y la inocencia de las peores escorias del país.
zapecorniel@yahoo.es

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