Marino Zapete Corniel
El domingo 27 de junio del 2004, el entonces presidente Hipólito Mejía dijo en su programa de televisión “Una vez a la semana” que para ser político en este país era necesario tomar “un cursito de vagabundería”.
Mejía respondió de esa manera cuando uno de sus alcahuetes le preguntó cómo fue posible que se reuniera con el entonces presidente electo Leonel Fernández, después de haber intercambiado tantos insultos en la campaña política recién finalizada.
“Tienes que aprender que en política hay que hacer un cursito corto de vagabundería. Si te llevas de lo que dijiste en campaña, sólo te queda descansar en paz”, dijo Mejía.
Al día siguiente de esa declaración, el lunes 28, cuando leí el periódico, me dije: “este tipo es lo que se llama un sinverguenza de marca mayor. Por fortuna, su discurso no representa la mentalidad de todos los políticos dominicanos”.
Ahora, 19 meses después, tengo la percepción de que la mayoría de los políticos dominicanos piensan y actúan igual que Hipólito.
Para los que creen que exagero la nota, tómense la molestia de leer estos fragmentos del discurso pronunciado por el doctor Leonel Fernández durante su juramentación, el 16 de agosto del 2000, y compárenlo con los hechos.
Esto fue lo que dijo el presidente Fernández:
“El próximo gobierno está compelido a tomar un conjunto de acciones, entre las cuales, la más importante, tal vez, sea la de decretar que a partir de este mismo instante iniciamos un período de austeridad. Esa austeridad significa poner todo el empeño para reducir en no menos de un 20 por ciento el gasto del Estado”.
El domingo 27 de junio del 2004, el entonces presidente Hipólito Mejía dijo en su programa de televisión “Una vez a la semana” que para ser político en este país era necesario tomar “un cursito de vagabundería”.
Mejía respondió de esa manera cuando uno de sus alcahuetes le preguntó cómo fue posible que se reuniera con el entonces presidente electo Leonel Fernández, después de haber intercambiado tantos insultos en la campaña política recién finalizada.
“Tienes que aprender que en política hay que hacer un cursito corto de vagabundería. Si te llevas de lo que dijiste en campaña, sólo te queda descansar en paz”, dijo Mejía.
Al día siguiente de esa declaración, el lunes 28, cuando leí el periódico, me dije: “este tipo es lo que se llama un sinverguenza de marca mayor. Por fortuna, su discurso no representa la mentalidad de todos los políticos dominicanos”.
Ahora, 19 meses después, tengo la percepción de que la mayoría de los políticos dominicanos piensan y actúan igual que Hipólito.
Para los que creen que exagero la nota, tómense la molestia de leer estos fragmentos del discurso pronunciado por el doctor Leonel Fernández durante su juramentación, el 16 de agosto del 2000, y compárenlo con los hechos.
Esto fue lo que dijo el presidente Fernández:
“El próximo gobierno está compelido a tomar un conjunto de acciones, entre las cuales, la más importante, tal vez, sea la de decretar que a partir de este mismo instante iniciamos un período de austeridad. Esa austeridad significa poner todo el empeño para reducir en no menos de un 20 por ciento el gasto del Estado”.
”Hay muchos cargos públicos en exceso, creados mediante la tradicional práctica corrosiva de clientelismo o bien producto de las duplicidades de funciones dentro de nuestro aparato burocrático estatal. Esos serán suprimidos.”
”Ninguna institución gubernamental u organismo independiente está autorizado a realizar compras o transacciones que vayan más allá de lo estrictamente indispensable. Nadie, absolutamente nadie, podrá utilizar los fondos públicos para la adquisición de nuevas jeepetas, o para efectuar llamadas telefónicas, nacionales o internacionales, sin límites de tiempo. Los viáticos y las dietas tienen que ser disminuidos. Los gastos superfluos eliminados. Hay que suprimir aquellos cargos de subsecretarios de Estado no contemplados en la ley orgánica de la Secretaría de Estado correspondiente”.
”Pero, de igual manera, será imprescindible enfrentar con energía y de manera drástica uno de los peores males que afecta el desarrollo de los pueblos y torna ineficaz toda lucha sincera contra la hecatombe de la pobreza: el fenómeno de la corrupción”.
”La corrupción es moral y legalmente inaceptable. Por tal motivo, durante la administración que desde hoy me corresponderá dirigir, tomaremos todas las providencias de lugar para, tal como establece la Convención Interamericana contra la Corrupción, prevenir, detectar, perseguir y castigar todo acto doloso que atente contra el patrimonio público”.
“Tampoco esta administración puede convertirse en un nuevo abanderado del borrón y cuenta nueva. La democracia se fundamenta en la rendición de cuentas. Aquel que no tenga las suyas claras, sea del sector público o del privado, que sepa, desde ahora, que la justicia no será objeto de obstrucción ni de manipulación alguna por parte del Poder Ejecutivo para que actúe conforme a como indican nuestros códigos y nuestras leyes”.
“Como deseo actuar siempre de forma clara y sin ningún enturbamiento o enredo, reitero en esta oportunidad lo que he dicho en otras ocasiones: Que nadie me susurre en privado lo que no está en capacidad de decirme en público”.
“La República Dominicana no puede seguir como va. No puede seguir con la inseguridad ciudadana. Con el tráfico de influencias. Con el clientelismo. Con el enriquecimiento ilícito. Con el abuso de poder. Con el irrespeto. En fin, con la falta de seriedad en todo”.
“Si para algo ha servido la actual crisis es para poner al desnudo la bancarrota de un sistema que ha demostrado ser incompetente, injusto y corrupto. Cambiémoslo. Sacudamos el árbol de la democracia dominicana. Hagamos que caigan sus frutos podridos”.
“Que en las ciudades y en los campos, que en los valles y en las lomas, sólo se escuche un grito que diga: Dominicanos, E´palante que vamos!, E´palante que vamos!, E´palante que vamos!”
Juzguen ustedes amigos lectores. ¿ se parece ese discurso a lo que ha hecho el gobierno del doctor Fernández hasta este momento ?

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